¿Es posible avanzar el nivel de productividad del mundo desarrollado?
Es posible. Una ventaja de un país en desarrollo—como Chile—es que no tiene que reinventar la rueda. Por un buen tiempo Chile puede crecer en forma acelerada sobre la base de identificar—en el resto del mundo—las tecnologías, los procesos y las prácticas productivas idóneas, trabajando en su imitación, adaptación y rápida difusión a todo el aparato productivo del país. Copiar en esto no es hacer trampa, sino aprovechar el camino que otros ya han recorrido y saltarnos etapas.
Otros países lo han hecho. Esta imitación inteligente, masiva y sistemática explica como Japón pudo alcanzar a EE.UU. en pocas décadas después de la Segunda Guerra mundial; como los “Tigres Asiáticos” crecieron aún más rápido que Japón; y la razón de que las tasas de crecimiento de China durante los últimos 30 años superen inclusive a las de los “tigres”. Mientras más lejos se está de la frontera tecnológica mayor es el crecimiento económico posible de alcanzar al imitar las mejores prácticas (las tecnologías de punta), pues se pueden saltar etapas imitando las prácticas de última generación.
Chile ya lo ha hecho en algunos sectores y con gran éxito. Considere por ejemplo el riego a goteo, un invento Israelí cuya introducción revolucionó la agricultura nacional, permitiendo cultivar cerros y áreas anteriormente sin valor. La acuicultura salmonera, los centros comerciales o las tarjetas de crédito, no son inventos chilenos. Pero la introducción de estas innovaciones permitieron la producción pesquera, el desarrollo del retail y del sistema crediticio.