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¿Mayor productividad significa mayor desigualdad?

No, es posible mejorar la productividad y reducir la desigualdad. El caso más claro es la mejora en la calidad de educación pública, municipal y subvencionada, donde estudia el  93% de nuestros hijos. Si mejora la calidad de la educación pública, se desarrollarían talentos desaprovechados, lo que es bueno para la productividad. A  la vez, se reduciría la desigualdad al abrir oportunidades a las grandes mayorías.

Otro caso son las políticas que promuevan la competencia. En efecto, mayor competencia incentiva la mejora de productos, reducción de costos y la desigualdad de ingresos entre empresas monopolísticas y  consumidores. Un tercer ejemplo, se refiere a la difusión tecnológica. Mientras más rápido las medianas y pequeñas empresas adopten las mejores prácticas y tecnologías de sus símiles en los países desarrollados, mayor será su productividad y menor, por consiguiente, sus desigualdades de ingreso con las empresas más grandes.

Esto no es pura teoría, si no es la historia de los países más desarrollados de la OCDE, donde productividad y reducción de la desigualdad han ido de la mano. Por eso, se debe buscar reducir  la desigualdad y promover la productividad. Si queremos ser un país desarrollado,  es necesario avanzar en ambos objetivos en forma equilibrada.